Amanda y la Caja de los Juegos

Hace unos días fui con mi sobrino a la Plaza de España, en Avilés. Cajastur había desplegado un montón de juegos, y pruebas infantiles, llenando El Parche de todo lo que los niños y las niñas pueden desear, o casi… Mientras él jugaba, escuché a una niña de unos doce años que estaba esperando con su hermano para entrar en una de las actividades “Marcos pórtate bien, no seas impaciente”. Sin duda ella se estaba haciendo mayor. Cuando llegó su turno, se quedó pensativa y al final no entró a jugar, la mayoría eran más pequeños que ella y dejó que su hermano entrara solo. Mientras esperaba dio un pequeño paseo alrededor de la carpa, vio un cartel en la pared y se puso a leerlo.

 “Esta tarde la asamblea del 15M de Avilés se celebrará en Oviedo en apoyo a Jorge, Patricia y Amanda”. Irene había oído hablar del 15M a sus padres, pero ¿quiénes eran Jorge, Patricia y Amanda? Siguió leyendo, por lo visto Jorge y Patricia eran una pareja de Ecuador que había venido a trabajar a Asturias, montaron una empresa de transportes y compraron un piso en Oviedo, con la crisis las empresas que solicitaban sus servicios dejaron de pagarles, quebraron y ellos no pudieron seguir pagando su piso y además se quedaron sin trabajo. A finales de junio fueron desahuciados de su casa y al mismo tiempo Cajastur les exige que paguen más de 100.000 euros de deuda. Jorge y Patricia son los padres de Amanda, una niña de seis meses. Irene se quedó extrañada ¿cómo es posible? Mira a su alrededor y ve a una chica con una bebé de unos seis o siete meses que juega con una de las banderolas rojas de Cajastur.

Jorge, el padre de Amanda, lleva casi dos meses viviendo en la calle, a las puertas del edificio de Cajastur en Oviedo, está en huelga de hambre y pide que alguien de Cajastur se siente a hablar con él para aceptar la dación en pago y la cancelación de la deuda hipotecaria.

Irene no entiende qué es eso de “dación en pago” o “deuda hipotecaria”, pero sabe que es muy injusto que esta familia, que ha perdido su trabajo y su casa, tenga que seguir pagando tantísimo dinero, es muy injusto… y piensa en Amanda, en lo feliz que sería si pudiera estar jugando ahora mismo como la bebé que acaba de ver en “La Caja de los Juegos”… su hermano ya ha terminado y sale a buscarla. Se van caminando de la mano.

Irene está haciéndose mayor y va saliendo poco a poco de ese “paraíso perdido” que alguien dijo que era la infancia, con el gesto serio empieza a pensar que “La Caja de los Juegos” debió de costar bastante dinero a Cajastur,- ella aún no sabe que el dinero es de todos los asturianos y asturianas- el dinero… el dinero… el dinero que le exigen injustamente a Jorge, a Patricia y a la pequeña Amanda.

Irene vuelve a quedarse pensativa… quizá pensaba esto porque era una niña y había algo que se le escapaba, quizá con los años entendería mejor lo que ahora le parece una terrible injusticia. O quizá no…

Tal vez sean los mayores quienes se complican demasiado la vida y no se dan cuenta de lo que es verdaderamente importante, no se dan cuenta de que a la JUSTICIA se llega por caminos mucho más sencillos de lo que piensan, y para llegar sólo se necesita una mirada limpia, un mínimo de sensibilidad ante el sufrimiento ajeno y tener voluntad para acabar con las injusticias.

Rebeca Fernández Alonso